Antonio Góngora Galera

Nace el 14 de Octubre de 1911 en el seno de una familia de 10 hermanos, cuando Almería era una ciudad provinciana y sin demasiadas expectativas culturales o educativas, por lo que marchará al Colegio de los Salesianos de Utrera (Sevilla) para cursar los estudios de Enseñanza Media, para entrar a los veinte años, en plena efervescencia republicana, en la Escuela Superior de Arquitectura, teórico centro de experimentación de la arquitectura, aunque en la práctica dejaba mucho que desear en cuanto al nivel técnico y experimental impartido, tal como hemos subrayado en distintas ocasiones.

Este centro mostraba una amplia polémica entre una tendencia mayoritaria castiza y monumentalista, como último recuerdo del historicismo decimonónico, y el racionalismo pujante en Europa, agrupado en España en torno al GATEPAC. Sin embargo el ambiente intelectual de formación de nuestro joven arquitecto será lo suficientemente progresista, carente de un dogmatismo estético, como para que puedan coexistir ambas orientaciones sin caer en el apasionamiento o la crítica furibunda; ambas tendencias serán asumidas de manera directa, sin traumas, con una sabia armonización incluso dentro de un mismo edificio.

Estos criterios estéticos amplios, sin presionar en ninguna de las dos tendencias, se refleja en tener como maestros a García Mercadal en Proyectos, al igual que Teodoro de Anasagasti, símbolos de la entrada de las nuevas corrientes racionalistas, mientras que López Otero reflejaba la tradición clasicista. Tradición y renovación conviviendo en un mismo centro de enseñanza.

Debía de haber concluido sus estudios universitarios en 1937, pero la Guerra Civil atrasará esa graduación hasta 1940, retornando inmediatamente a su ciudad natal para comenzar a desarrollar su labor como arquitecto, labor en la que ha permanecido durante casi 50 años, llenando toda una importante etapa en la historia de la arquitectura del municipio almeriense.

Una de sus primeras actividades profesionales será un encargo de la D.G.A. dirigida por Pedro Muguruza, para estudiar las viviendas de pescadores de la costa almeriense, que será recorrida con un espíritu minucioso por el joven arquitecto, quien levanta incontables dibujos donde recoge exhaustivamente tipologías, mobiliario, distribución interna, materiales … de estas humildes viviendas, acompañado por su amigo Emilio N. Perals y su cámara fotográfica. Ello será un interesante inventario documental, lamentablemente desaparecido, incorporado posteriormente por el propio Pedro Muguruza en su obra “Plan Nacional de mejoramiento de la vivienda en los poblados de pescadores” (1942). Esta labor teórica, junto a su gusto por la pintura, permanente en toda su trayectoria vital, o las abundantes suscripciones a revistas extranjeras de la época, le otorgan un carácter polifacético y una dimensión cultural no habitual en los profesionales de la época.

Incluso una dimensión, también poco considerada, es la obligada necesidad de solucionar problemas técnicos, especialmente en las cubiertas, reduciendo al mínimo el consumo de hierro y cemento durante aquellos difíciles años. Para ello incluso patentó la llamada viga tipo EMAN (iniciales de Em-ilio, su hermano, y An-tonio), conocida localmente como viga tipo Góngora, recurso habitual en las cubiertas de los años 40 de muchas viviendas almerienses, mediante el uso de un ladrillo colocado en hilera y dejando un hueco central para el fraguado del hormigón con el hierro.

Primeramente trabajó durante dos años, desde 1941, como arquitecto ayudante del arquitecto municipal Guillermo Langle, en su sustitución por estar éste plenamente ocupado en el importante proyecto de Ciudad Jardín, pero desde 1943 inicia una carrera independiente como funcionario y técnico en los cargos de Arquitecto de la O.S.H. en Almería, Arquitecto del I.N.V. desde 1944, y Arquitecto Jefe del Servicio de Valoración Urbana de la Delegación de Hacienda desde 1950.

Esta multiplicidad de labor funcionarial junto al ejercicio privado, da a su obra una proyección incluso mayor que la de Guillermo Langle, que sin embargo destaca más por la riqueza estética. Efectivamente representa una opción más historicista en la arquitectura de posguerra, posiblemente por no haber vivido la rica etapa republicana. Sin embargo quizás logró conectar más con el gusto de la burguesía almeriense deseosa de una representatividad historicista que asumiera una cierta monumentalidad palaciega reducida a diversos elementos formales, cuyos ejemplos prototípicos son la casa y fábrica de mosaicos para D. José González y D. José Marquez en la Ctra. De Ronda (1947) y en los conocidos proyectos de viviendas en la C/ Méndez Núñez, también de 1947. Consigue conectar con el decoro burgués mediante una sencilla traslación de la tipología burguesa de fachada pabellón organizada en tres cuerpos.

Pero la auténtica dimensión de su obra es mezcla de una composición clasicista en los diseños exteriores, junto a una obligada preocupación funcional en la distribución interna de las viviendas, un plus de idoneidad racional que alcanzará su máxima expresión en los diseños de vivienda mínima para la O.S.H.

Aquel modelo burgués puede sintetizarse en una tipología de vivienda obrera de puerta y ventana, muy difundida por todo el casco urbano, con una organización clasicista de zócalo, cuerpo noble y cornisa, pero con una composición de huecos recercados y embocaduras molduradas imponiendo un ritmo horizontal y una plasticidad exterior, resultado de una simplificación del almohadillado y sillería tradicional de los modelos palaciegos burgueses, un trasladar la representatividad clasicista a unas viviendas sencillas de la clase obrera mediante una técnica elemental y simple, donde la molduración se aplica directamente sobre el enfoscado mediante el uso de regletas, labor realizada por unos buenos artesanos de la construcción. Las variantes de este modelo son muy numerosas.

Pero donde más destacó será al configurar la tipología de vivienda mínima desarrollada por la O.S.H. en sus proyectos sindicales previstos desde 1954, siendo precedentes las tipificaciones desarrolladas para las viviendas de pescadores del Zapillo o el Grupo Julián Fernández Bueso en el Tagarete, todo ello durante la década de los 40. Como arquitecto de la Delegación Provincial de la O.H.S. estaba obligado a responder a la urgente necesidad de un modelo “standarizado” asumible por todas las promociones públicas con ligeras adaptaciones. Evidentemente los precedentes no podían estar en una falsa arquitectura oficial deseosa de articular un formalismo franquista, pero que había olvidado el problema de la vivienda, sino en los trabajos del movimiento racionalista de finales de los 20 y durante la década de los 30, quienes le aportan el modelo de bloque de viviendas de tres o cuatro plantas, estructura de doble crujía, orientación al Sur, preocupación por luz y ventilación directa a todas las habitaciones, y organización global de la vivienda en torno a una habitación central con carácter integral. Este modelo tipológico constituye un interesante diseño y aportación teórica en el camino de la solución del problema de la vivienda.

En la arquitectura pública también levantará una serie de edificios institucionales bastante más alejados de las preocupaciones funcionales y respondiendo a un carácter aúlico e historicista, tal como reflejan el actual Museo Arqueológico Provincial, el Instituto Politécnico de Formación Profesional “Alhamilla” o el antiguo Sanatorio del “18 de Julio”, símbolos de la magnificencia de la arquitectura oficial en torno al diseño palaciego de fachada pabellón con cuerpo central prestigiado y encuadrado entre otros dos laterales. En cambio la fachada de la antigua Casa Sindical en la C/ Javier Sanz nos acerca a la tipología de edificio – bloque de viviendas y a los cambios de la arquitectura de los 50.

Esta tipología palaciega es fruto de unos diseños personales donde tiene en cuenta su predilección por la arquitectura clasicista del fascismo italiano, que le aportan una estética, frescura, esbeltez y elegancia latina y mediterránea, más cercana a nosotros que la sobriedad y frialdad del clasicismo germánico de la arquitectura nazi.

Sin embargo en su obra se entremezclan abundantes elementos racionalistas, estética de la que nunca renegó, a pesar de que declaraba en la prensa de la época con motivo de una encuesta del diario Yugo sobre la arquitectura almeriense: “Se ha creído en nuestra época que en el funcionalismo (la buena arquitectura siempre ha sido funcional) estaba la panacea; pero aquél, los mismo que la verdad, no proporciona automáticamente la belleza … Hay, pues, que caminar por senderos nuevos, sin olvidar todas las formas que antes se han cultivado, para que nuestro producir – nuestros sentimientos – no resulten desorbitados y sin fundamento. Ha de evolucionar abiertamente nuestra arquitectura, pues ya no es posible estabilizarse en un criterio tradicionalista, aunque sin lanzarnos a soluciones desprovistas de raíces propias, procurando conservar el sello oriental de nuestra querida ciudad … En las construcciones oficiales de nuestra ciudad deben desterrarse las escalas gigantes … para no deformar nuestra genuina fisonomía” . [Yugo 4 de Julio 1953]

El texto es ilustrativo del clima de desconcierto de la arquitectura española durante los 50. Se critican los modelos oficiales y el monumentalismo, al igual que el funcionalismo, pero se habla claramente de unos nuevos senderos estéticos relacionados con las raíces propias de la ciudad.

Desde finales de los 50 su arquitectura comenzará a perder esa personalidad definidora de importantes zonas de la ciudad, al integrarse lamentablemente en la fiebre de rascacielos y especulación salvaje que destrozará la imagen tradicional de la “Almería horizontal”, quizá no por convicción sino por acomodación pragmática al nuevo ciclo económico. El lamentará amargamente su participación en el desastre, su trauma ante los “rascacielos”, pero ello era obligado ante la pérdida de clientela. Las necesidades y los gustos estaban cambiando, y sus diseños tradicionales eran incompatibles con la nueva realidad.

El proyectista de vivienda mínima, el pintor enamorado del rincón andaluz, el arquitecto con una vocación clasicista, el estudioso de la vivienda tradicional almeriense, ha desarrollado toda una amplísima labor arquitectónica que ha entrado en crisis a finales de los 50, como la misma “ciudad horizontal”.

 

Arquitectura, Vivienda y Reconstrucción en la Almería de Posguerra (1939-1959)

Alfonso Ruiz García

Instituto de Estudios Almerienses

Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Almería

Colegio de Arquitectos de Almería

1993

 

 

 

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